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Delegación de Las Palmas
Nuestra semilla en la recuperación de la Laurisilva

28/11/2016

El pasado sábado 19 de noviembre, 45 personas (voluntarios/as, empleados/as, amigos y familiares de la Delegación de Voluntarios de "la Caixa" de Las Palmas) realizaron esta acción de reforestación en la finca de Osorio (Villa de Teror).


Una de las líneas prioritarias de la Obra Social “La Caixa” en Canarias desde hace más de una década ha sido y es, la de preservar nuestro entorno con actuaciones para la conservación, mejora y protección del medio natural de las islas.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son diversas las iniciativas implementadas en este tiempo para alcanzar tal fin. Un ejemplo claro de este compromiso medioambiental es el convenio con la Consejería de Política Territorial, Sostenibilidad y Seguridad del Gobierno de Canarias. Mediante la ejecución del mismo, se han realizado actuaciones de restauración y conservación en el entorno natural del Archipiélago, con una incidencia positiva en el mantenimiento de los ecosistemas y de las especies autóctonas de Canarias.

Son estas las razones por las que la Asociación de Voluntarios de “La Caixa” ha querido unir esfuerzos y adherirse a esa labor de preservación medioambiental.

 
El pasado sábado 19 de noviembre, durante cuatro horas se desarrolló la actividad, plantando “semillas de vida” en el empeño de recuperar el antiguo “Bosque de Doramas” que abarcó gran parte de la isla y que se vio mermado con el paso de los siglos en decremento de la actividad agrícola, que ganó terreno en las medianías fértiles grancanarias.

 

 La Finca de Osorio es quizás el recinto natural por excelencia de Teror. Forma parte del mítico Parque Rural de Doramas, del que se tienen noticias desde antes de la conquista, ya que constituyó uno de los bosques más importantes de la isla.

  

 

Situada a unos dos kilómetros del Centro Histórico de Teror, la Finca de Osorio ocupa una superficie de 207 hectáreas. Es un regalo lleno de rincones donde huir del ruido. No dan los dedos de las manos para contar sus múltiples recovecos, que se esconden trenzando su bosque de Laurisilva, la senda de los castaños, los robles, los huertos. Los caminos que se cruzan y se adentran en la vegetación hasta un manantial que brota con más o menos intensidad, dependiendo de la época del año.

 

 

 

 

 

En los últimos años, varias administraciones públicas y privadas se han unido e implementado diversas actuaciones de reforestación arbórea y de fauna. La flora autóctona vuelve a renacer en los suelos de la finca, sobretodo la Laurisilva, aunque también los mocanes, acebuches y granadillos.

 

 

 

  

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